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11, Manar

La siguiente es una traducción del texto original en inglés de Hilary Barrett (quien no habla español) realizada por Verónica Lassa como aporte al Yijing en su viaje por los siglos.

Si hay comentarios u observaciones que puedan mejorar las versiones en español, contactar a Verónica a través de https://urdirlatrama.blogspot.com.ar/p/i-ching.html para que se tome debida nota.

¡Muchas gracias!


Creo que en el Yijing este es el hexagrama que más cerca está de ser uno de amor. No tanto del amor en sus diversas manifestaciones en las relaciones humanas, sino como esa pura e incontenible fuerza del cosmos que hace posible la creación.

Se lo comprende mejor si se lo piensa como el par inverso del Hexagrama 12, Obstruído. En el hexagrama 12 no hay comunicación, no hay movimiento, no hay ocasión de lograr nada que sea significativo. “¡Nada ocurre, nadie viene, nadie va, es terrible!” (Sarah Dening eligió esta cita de Esperando a Godot para representar al Hexagrama 12) En términos de experiencia humana, los Hexagramas 11 y 12 son ‘de naturaleza opuesta’.

El Hexagrama 11 es un hexagrama muy activo. A pesar de la traducción  que le dio Wilhelm al nombre, Tai, como ‘Paz’, nunca me pareció ni remotamente pacífico en la práctica. (Esto quedó muy bien ilustrado cuando, en su momento, alguien del Círculo de I Ching preguntó ‘¿Va a haber guerra en Irak?’ y recibió el hexagrama 11 sin mutaciones).

Tai es el nombre de un monte sagrado en el que ‘el emperador realizó sacrificios… para que los grandes espíritus armonicen con el hombre’ (Wu Jing Nuan) y para convocar su poder en la vida humana. El antiguo ideograma muestra una figura humana, con las manos en alto como en ofrenda, y debajo la corriente de un río.  De modo que el nombre Tai significa armonía, grandes poderes y la corriente de las cosas buenas:

‘Manar.
Lo pequeño se va, llega lo grande.
La ventura, el éxito.

Llevadas por la corriente de ese río que truena bajo el Monte Tai, las pequeñas preocupaciones se disipan, a la vez que brota la energía para la realización de grandes cosas. Puede ser apasionante —pero también puede ser apabullante— porque a aquellas cosas que nunca habríamos pensado que eran ‘pequeñas’ para nosotros se las lleva la corriente.  Cuando nos sale este hexagrama sin cambios, principalmente en preguntas sobre cómo (o ¿si hago tal cosa?) para entablar relaciones esa fuerza aparece en primera plana. A veces, puede querer decir que te enfrentas a cuestiones de vida o muerte que ponen el resto de tu vida realmente en perspectiva.

El tipo de experiencia de que se trata aparece con claridad en su centro oculto —el hexagrama nuclear— el 54, La Muchacha que se Casa. A la muchacha le ‘quitaron el suelo’ de abajo de sus pies, y, sin que medie ceremonia alguna, la sacaron de su zona de confort y la llevaron a un reino en el que tiene muchísimas más oportunidades, pero que están muy por encima de su control. Entonces ¿será que el hecho de perder el control es un peligro oculto del Hexagrama 11? Quizá. O quizá sea algo por lo que tengas que pasar para que conozcas a ‘Manar’ desde adentro.

Sea como fuere nuestra experiencia con este hexagrama, Tai es una fuerza positiva. Y con Domesticar lo Pequeño y Pisar (los hexagramas 9 y 10) por detrás de él, en realidad, su promesa de paz se sostiene :

‘Pisar y, también, Manar
Significa que lo que sigue es tranquilidad.’

Probablemente sea más fácil ver cómo es que sucede esto si seguimos el recorrido de qian, la fuerza creativa del cielo, por los hexagramas que lo preceden.

Domesticar lo Pequeño tiene a qian en su interior y busca expresarlo y darle contención de pequeñas maneras a través del trigrama superior, xun (el viento). Pisar usa todas las aptitudes que están aquí reunidas para hacer su danza bajo el cielo (abajo dui, el lago, y qian arriba) en la que pisa la cola del tigre con sumo cuidado, no vaya a ser que termine por engullir su propia identidad. De modo que Pisar crea una ‘tecnología de lo sagrado’, una capacidad para vivir al lado de una intensidad de este tipo siguiéndola a la zaga, por detrás, sin darse descanso.

Con el hexagrama 11, el poder de qian ya no está ‘ahí afuera’ para que uno pueda seguirlo, ha vuelto a meterse dentro y se hace realidad a través del trigama superior Tierra. Ahora existe una relación creativa absoluta entre la inspiración y la realización —y todo pasa a ser posible—:

‘Cielo y Tierra se comunican. Manar.
Así el príncipe usa sus riquezas para cumplir el dao de cielo y tierra,
Fomenta y ordena la mutua ayuda y armonía del cielo y de la tierra,
Asiste y protege al pueblo’.

El dao de cielo y tierra se unen y engendran nueva vida. El príncipe simplemente da todo de sí para asistirlo: sus riquezas, sus dotes para unir a las personas (en especial a las personas ‘de las ideas’ con las que pueden hacerlas realidad), su protección y su presencia.

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